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Tú no eres como otras madres

¿Como puede uno aceptar que las cosas han cambiado sin que podamos hacer nada para evitarlo? No existe un sistema.

Tú no eres como otras madres “es un libro abrumador, fascinante y único”- decía Andrés Trapiello en Babelia. Los libros que narran grandes epopeyas y aventuras suelen ser abrumadores, por el ejercicio de relatar una vida de principio a fin. En este caso, además, la narración nos lleva a un momento ya sabido de la historia europea del siglo XX desde una perspectiva que no habíamos visto antes. En Tú no eres como las otras madres nos introducimos, como espectadores privilegiados, en el ambiente de una tradicional familia judía de Berlín y asistimos al crecimiento de una niña bien que decide cambiar el rumbo de su vida sin temer a las consecuencias, negándose a dejarse llevar por la inercia de su vida ya escrita. Else Kirschner participará activamente en la sociedad burguesa de los años veinte sin darse cuenta de que el ritmo de los acontecimientos iban a transformar radicalmente la sociedad alemana hasta romperla a jirones, traumatizada por las negruras del nazismo. Después vendría la Segunda Guerra Mundial y la destrucción de un país todopoderoso en el centro del continente.

Angelika Schrobsdorff  escribe el relato de la vida de su madre, aunque puede leerse como una novela. Tu no eres como otras madres es una autobiografía, que empieza antes de que nazca la autora y en la que intentará analizar la personalidad de su madre, la que no quiso perderse nada de lo que pudiera ofrecerle la vida, la que huyó de todos los convencionalismos, la que se enfrentó siendo muy joven a su familia, enamorándose de un bohemio artista cristiano. Después decidiría ser una mujer feliz y libre, beberse el mundo y la sociedad con gran dedicación. Pero el III Reich se puso en su camino y todo cambió. La prueba fue demasiado dura.

La escritora  Angelica Schorbsdorff nació del segundo matrimonio de su madre con, Erich Schorbsdorff, un noble berlinés perteneciente a una antigua familia alemana. Su infancia se dividió en dos grandes mitades. Primero como una afortunada niña rica y luego en un duro exilio marcado por el miedo y el desconcierto. Schorbsdorff vivió casi toda su vida sin entender el silencio de sus padres acerca de lo que les había pasado. Odió y amó a su madre y vivió a su lado intensamente, como testigo de su personalidad singular, su valentía y después su decadencia y triste final.

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