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Volver a Barcelona

http://orgullosademiciudad.blogspot.com.es/2014/09/barcelona-bajo-la-lluvia.html

Son las 11 de la mañana del 17 de agosto. Estoy en una playa soleada de la Cote d’Azur. Busco la página 14 de Rayuela. Es una edición de los años 80, de la Editorial Bruguera, que ya no existe, como todo el mundo sabe. Pero necesito recuperar esta fabulosa novela para un especial de Julio Cortázar que se está preparando para este otoño en la Libreria Nollegiu. Mientras leo la historia de Horacio Oliveira y la Maga en París, escucho las voces infantiles de unos niños franceses que construyen castillos en la arena.

Por la tarde, visita por el centro de Cannes. La idea principal de este viaje es olvidarse de todo lo que suponga la vida cotidiana, no pensar en nada relacionado con nuestra vida de siempre. Irse, para volver de nuevo.

Antes de las cinco de la tarde me asombro por el precio de una taza de café en el restaurante de la playa que pertenece al Hotel Martínez, junto al famoso y glamuroso Hotel Carlton.  Hace calor, pienso, y busco mi teléfono móvil. Es el sonido característico que me indica que me ha llegado un titular. De pronto la luz ya no brilla tanto como antes. El calor del verano ya no es lúdico, sino sofocante. Una furgoneta blanca acaba de bajar por la Rambla de Barcelona arrollando a cientos de personas.

Es raro, todo cambia en milésimas de segundos. Hay paparazzi fumando nerviosos y a la espera. Cámaras colgadas del hombro y decenas de colillas en un rincón, ajenas a las suaves e impolutas pamelas blancas que van de un lado al otro de la playa. Pero ya no veo nada, mi mente está en otra parte, tan lejos y tan próxima. Es mi ciudad. Familia, amigos. En segundos me veo llamando. Máxima obsesión.  Volver a Barcelona. Ir a ver las noticias. Todos los canales de televisión franceses hablan sobre el atentando yihadista. Una treintena de víctimas son de este país. El ministro de interior, Gerárd Collomb, se ha desplazado a Barcelona. Horas y horas de información en francés. Internet, siempre aliado, me conecta con la radio en español. Àngels Barceló le dice a Pepa Bueno en la SER: “Ahora los barceloneses recuperaremos La Rambla”. En los últimos tiempos La Rambla ha pasado a ser de los turistas, por eso las víctimas son de 30 nacionalidades diferentes.

Kierkegaar en el pensamiento. Existencialismo y angustia. La filosofía de la condición humana, tan diversa y contradictoria. Julio Cortázar y adolescencia. Siento de nuevo la Rambla, como antes. Es posible que suceda. Que volvamos al Café de La Ópera, como en aquellos veranos junto a mis amigas del instituto. Nuestro mundo cotidiano de entonces. Sueños de amores y literatura entre las mesas de las terrazas. Y la loca Maria de oscuro pasado. Y el vaquero con pistolas de juguetes y el torso tatuado. Y los marineros americanos y el recuerdo de Ocaña y el Liceu antes de incendiarse.

Vuelvo a la Barcelona de cualquier otoño y paseo de nuevo por La Rambla bajo la lluvia, con mi hermana. Antes llovía con mucha fuerza y el gentío desaparecía. No me olvido de esa calle vacía y el suelo brillante, y los kioskos de los pájaros, ahora ausentes. Y los kioskos de las flores, olor fuerte a rosa roja. Es la Rambla de siempre. La que sufría  y después se llenaba de risas.

Y estupor ahora. Que rara está la Rambla convertida en un altar de dolor inmenso. Cuantas vidas, cuantos idiomas, cuantos continentes implicados. Cuantas vidas que dejaron de existir, demasiadas.

Ahora todos ellos formarán parte de nuestros recuerdos, de lo que pasó un día de este verano, del verano de todos ellos. De los que se quedaron tiritando en el suelo, en el mismo que habían paseado antes, el que habíamos pisado tantas veces. Incomprensible violencia.

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El boom de Barcelona

El otro día, bajando por la calle Muntaner, pasó por mi lado, en dirección contraria por la misma acera, Teresa Gimpera, que sacaba a su perro a dar el paseo de la tarde. Iba impecable. Una señora bien por la de la zona alta de Barcelona, alcalle_muntanerejada de las estridencias turísticas de una ciudad que se ha abandonado a sí misma para tirarse (en el peor sentido de la palabra) a los brazos de un turista que se desvive por beber sangría con pajita en grandes copas.

Encontrarme casualmente a la musa de la moda española de los años 70 me llevó a recordar la exposición que había visto hacía poco en el Palau Robert, en el Paseo de Gracia esquina Diagonal: Barcelona. Prêt-a-porter 1958-2008. Y, a su vez, rememoré mis reflexiones sobre aquella época mientras observaba los vestidos y los vídeos que componían el recorrido de la exposición. Volví a verme entre mis libretas de cuadros con tapa azul, paseando por una ciudad todavía oscura mi estuche verde repleto de bolígrafos y gomas de borrar, y todos los libros de segunda mano que podía comprar en la librería Noveccento de la calle Llibretería (hoy convertida en una tienda de ropa étnica para turistas). Me resultó curioso pensar que mientras yo soñaba con mi futuro y descubría escritores e historias apasionantes del pasado entre aquel mar de libros, al otro lado de la ciudad y en otros ámbitos se estaba fraguando un mundo lleno de nueva moda, se estabbocaccio_logoa construyendo con nuevos diseños y arquitectos, y nuevas editoriales (ahí Tusquets y Anagrama, por ejemplo) estaban descubriendo nuevos y grandes escritores. Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Julio Cortázar vinieron del otro lado del océano y construyeron una nueva forma de hacer literatura, fresca y sorprendente, que cayó sobre nosotros en forma de sonoro ‘boom’ latinoamericano. Macondo, Don Rigoberto, los Cronopios y los Famas, el escribidor y su tia Julia, la cándida Eréndira y su abuela desalmada, Pantaleón y las visitadores, el Rayuela que se leía hacia adelante y hacia atrás o empezando por las páginas centrales…

Lo frívolo y lo profundo, en ocasiones, se presentan bajo la misma forma. Detrás de una risa se esconce un pesimista en ciernes, detrás de una fiesta en Bocaccio se fraguan historias que merecen el Premio Nobel. Detrás de una modelo de pasarela existe todo un mundo de creatividades y de sueños hechos realidad.

Para los que solemos confundir la vida con las páginas de un libro sin corregir, cualquier excusa nos sirve para imaginarnos una novela, o un ensayo, o un artículo, o una entrada para este blog. Gracias por cruzarse en mi camino, Sra. Gimpera.