Bajo el mar acogedor de Grecia

Habían transcurrido unas horas desde que salimos de El Pireo, el puerto de Atenas. Habíamos navegado algo más de 40 millas dirección SE y estábamos a punto de pasar junto al cabo Sounión. Nos encontrábamos a bordo de una hermosa goleta de dos palos al mando del capitán Stavros. Faltaba poco para saborear el menú que había preparado María, una griega enjuta y silenciosa, que era capaz de elaborar los mejores platos de la gastronomía de su país y, al mismo tiempo y si hacía falta, gobernar la nave bajo los peores vientos del mar Egeo.

Iba sentada sobre las contundentes amarras adujadas en la cubierta de popa, disfrutando del mediodía, cuando escuché el debate que se estaba produciendo a pocos metros de donde me encontraba:

-¿Se precipitó Egeo al tirarse al mar desde el cabo Sounión creyendo, falsamente, que su hijo Teseo había muerto sin derrotar al Minotauro? Si hubiera dejado pasar más tiempo, hubiera comprobado que Teseo, simplemente, había olvidado el acuerdo y no había desplegado la vela blanca que anunciaba su éxito.

En ese momento, miré hacia el templo de Poseidón, encima del acantilado, y me imaginé al poderoso guerrero que, pensando en su bella Ariadna, había dejado, por descuido, la vela negra sobre el mástil. Desde ese momento,mar_acogedor decidí que no había mejores compañeros de viaje que estos con los que me encontraba. Gente con la que compartir lo mejor de ese verano y del siguiente y el  siguiente… Organizándolo todo, Antonio Vicario, un enamorado de Grecia, país al que conoce profundamente.

Grecia es un lugar en llamas

Y, después de tantos años recorriendo todos los rincones de un país que atrapa, Antonio Vicario ha escrito El mar acogedor, un título tan apropiado como la imagen que ilustra la portada. El azul sobre el blanco, el blanco sobre el azul, el verde los bosques, el ocre de la tierra bajo un sol de justicia, la piel rugosa de los viejos marineros, la mirada tierna de una anciana vestida de negro tomando el fresco de la tarde junto a la buganvilla del patio de su casa.

Grecia es actualmente un lugar en llamas, abrasado por las incertidumbres de su destino. Pero éste es un país antiguo, tan antiguo como nuestra civilización, y por eso es sabio. La sabiduría que viene de la tierra y del mar y de las personas que viven cada día la lucha hacia su propia dignidad.

En El mar acogedor, de Antonio Vicario, está todo esto. Encontramos historias basadas en la admiración y el respeto. Desde el Peloponeso a las Cícladas, desde el Jónico a Creta y el Dodecaneso. Grecia disfruta de una geografía intrincada y potente. Y los griegos poseen una mirada brillante y una pasión de vivir que supera todas las pruebas.

En El mar acogedor se respira el verano, vemos de cerca aquellos personajes que encontramos cuando viajamos a las islas griegas. Y la belleza, que conmueve hasta el fondo. La belleza del mar, las personas que viven en Grecia y de los que van a buscar allí esa libertad que solo se encuentra en la naturaleza de las cosas auténticas. La sencilla opulencia (por más contradictorio que parezca) de Grecia.

“Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…” (Luís Eduardo Aute, La belleza)

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Grècia no s'ha cremat del tot

[pureHTML] Fa uns dies, un tema calent i candent, que cremava a tots els diaris i telediaris eren els incendis que assolaven les belles illes de Grècia i que amenaçaven amb arribar tots ells al rovell d'ou del Partenon, que presideix Athenes amb una l'elegància suprema i mística. Aquells dies de foc sense treva, acabava d'abandonar les aigües de l'Egeo, amb els seus blaus virginals i els verds maragda que proporcionen les sorres blanques de les nombroses cales. Que es crema Grècia!, aquesta és una recurrent frase que em remunta a altres estius. Es podria dir que aquest país acollidor de mil·lenàries pedres, sent un cert pudor de la seva vegetació voluble i canviant i de tant en tant deixa que les flames amenacin els seus contorns…

En fin, fa dies que el perill ja ha passat, però torno sobre aquest assumpte aquest últim dia del mes d'agost, que amenaça pluja i alguna que altra tempesta i que ja fa evident el presagi de la tardor. Quan els correfocs de la Mercè llencin altres espurnes pels carrers voldrà dir que la cosa ja es posa a ritme de bufanda i que ja no té remei la foscor del dia a mitja tarda i les vivències de l'hivern.

Quin desastre, podríem dir. Però, no. I tot perquè no crec que ningú gosi treure'm el record d'una conversa sota la vista irresistible d'un clàssic: per la nit, l'Acròpolis il·luminada i a la mà, una copa de vi blanc, vingut des de les properes vinyes de Tesalia o de Robola de Cefalonia…

Ara queden milers de pàgines…
I així, a navegar de nou i a estudiar les empremtes que ens deixen les impremtes… La tinta ja ha deixat les seves lletres sobre el paper i milers de pàgines es barallen per ser les primeres de la taula. Hi ha moltes notícies, moltes promeses. A partir de demà intentaré deixar-les totes elles al descobert.  [/pureHTML]