Volver a Barcelona

http://orgullosademiciudad.blogspot.com.es/2014/09/barcelona-bajo-la-lluvia.html

Son las 11 de la mañana del 17 de agosto. Estoy en una playa soleada de la Cote d’Azur. Busco la página 14 de Rayuela. Es una edición de los años 80, de la Editorial Bruguera, que ya no existe, como todo el mundo sabe. Pero necesito recuperar esta fabulosa novela para un especial de Julio Cortázar que se está preparando para este otoño en la Libreria Nollegiu. Mientras leo la historia de Horacio Oliveira y la Maga en París, escucho las voces infantiles de unos niños franceses que construyen castillos en la arena.

Por la tarde, visita por el centro de Cannes. La idea principal de este viaje es olvidarse de todo lo que suponga la vida cotidiana, no pensar en nada relacionado con nuestra vida de siempre. Irse, para volver de nuevo.

Antes de las cinco de la tarde me asombro por el precio de una taza de café en el restaurante de la playa que pertenece al Hotel Martínez, junto al famoso y glamuroso Hotel Carlton.  Hace calor, pienso, y busco mi teléfono móvil. Es el sonido característico que me indica que me ha llegado un titular. De pronto la luz ya no brilla tanto como antes. El calor del verano ya no es lúdico, sino sofocante. Una furgoneta blanca acaba de bajar por la Rambla de Barcelona arrollando a cientos de personas.

Es raro, todo cambia en milésimas de segundos. Hay paparazzi fumando nerviosos y a la espera. Cámaras colgadas del hombro y decenas de colillas en un rincón, ajenas a las suaves e impolutas pamelas blancas que van de un lado al otro de la playa. Pero ya no veo nada, mi mente está en otra parte, tan lejos y tan próxima. Es mi ciudad. Familia, amigos. En segundos me veo llamando. Máxima obsesión.  Volver a Barcelona. Ir a ver las noticias. Todos los canales de televisión franceses hablan sobre el atentando yihadista. Una treintena de víctimas son de este país. El ministro de interior, Gerárd Collomb, se ha desplazado a Barcelona. Horas y horas de información en francés. Internet, siempre aliado, me conecta con la radio en español. Àngels Barceló le dice a Pepa Bueno en la SER: “Ahora los barceloneses recuperaremos La Rambla”. En los últimos tiempos La Rambla ha pasado a ser de los turistas, por eso las víctimas son de 30 nacionalidades diferentes.

Kierkegaar en el pensamiento. Existencialismo y angustia. La filosofía de la condición humana, tan diversa y contradictoria. Julio Cortázar y adolescencia. Siento de nuevo la Rambla, como antes. Es posible que suceda. Que volvamos al Café de La Ópera, como en aquellos veranos junto a mis amigas del instituto. Nuestro mundo cotidiano de entonces. Sueños de amores y literatura entre las mesas de las terrazas. Y la loca Maria de oscuro pasado. Y el vaquero con pistolas de juguetes y el torso tatuado. Y los marineros americanos y el recuerdo de Ocaña y el Liceu antes de incendiarse.

Vuelvo a la Barcelona de cualquier otoño y paseo de nuevo por La Rambla bajo la lluvia, con mi hermana. Antes llovía con mucha fuerza y el gentío desaparecía. No me olvido de esa calle vacía y el suelo brillante, y los kioskos de los pájaros, ahora ausentes. Y los kioskos de las flores, olor fuerte a rosa roja. Es la Rambla de siempre. La que sufría  y después se llenaba de risas.

Y estupor ahora. Que rara está la Rambla convertida en un altar de dolor inmenso. Cuantas vidas, cuantos idiomas, cuantos continentes implicados. Cuantas vidas que dejaron de existir, demasiadas.

Ahora todos ellos formarán parte de nuestros recuerdos, de lo que pasó un día de este verano, del verano de todos ellos. De los que se quedaron tiritando en el suelo, en el mismo que habían paseado antes, el que habíamos pisado tantas veces. Incomprensible violencia.

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Los Campos de Níjar de Juan Goytisolo

Una tarde del verano pasado, deambulando por las playas y los campos de Almería, una persona del lugar recordaba un libro sobre Níjar que había escrito “un señor de Barcelona”. El señor de Barcelona en cuestión era Juan Goytisolo y su interminable ruta hacia el sur.

La edición de Campos de Níjar de Galaxia Gutemberg

Juan Goytisolo viajó por primera vez a la costa de Almería cuando todavía no se había puesto de moda este lugar sin sombras. Las playas eran las mismas, el mar bañaba hermosamente una costa escarpada igual que ahora, pero entonces toda la provincia vivía ensimismada y sola las promesas de su belleza.

Mi experiencia de la costa de la Almería actual se extiende desde los profundos sabores de las gambas de la Garrucha hasta el infinitesimal grano de arena de una playa muy limpia. Curiosidad turística la que nos lleva a saborear los placeres del sol y de la tierra, y también la curiosidad por lo que nos parece desconcertante. Ahí están, por ejemplo, los recuerdos de Tabernas por su pasado cinematográfico. El Spaguetti Western colocó este escenario en un mundo ficticio, y un fingido vaquero cabizbajo atrae nuestra atención sobre su drama de lo imposible. Aunque rememorar pueda parecernos un fenómeno de antropología, fuera ya de los focos de la cinematografía, el conjunto del parque temático que todavía queda me recuerda más a los hombres y mujeres del circo bajo su carpa.

Comparto la narración de la hermosura del desierto de Juan Goytisolo en Campos de Níjar (publicado en 1960), meticulosidad descriptiva del viajero ensimismado. Los recuerdos y las sensaciones, y el análisis descarnado de unas gentes y unos pueblos sumidos en el abandono.  Sin duda, el lugar ha cambiado, pero persiste la esencia y alguna contradicción con las veleidades actuales. Dice Goytisolo: “En Almería, cuando se menciona Carboneras, la gente toca madera y se santigua. Supersticiosamente muchos evitan pronunciar el nombre y hablan del pueblo en perífrasis: ese puerto que queda entre Garrucha y Agua Amarga, ese sitio que no se puede decir…”

Juan Goytisolo, “el autor necesario”, leo en Lecturalia, Siempre necesitaremos escritores subversivos, aunque luego se marchen agotados por el esfuerzo de la vida.

 

Patria

Patria, de Fernando Uramburu, fue el primer libro con el que comencé este año. En su momento me pareció una buena señal. Es un libro que huele a trabajo bien hecho. Es una novela extensa e intensa. Son más de 600 páginas y gran magnitud narrativa. La literatura al servicio de la experiencia vivida. Es ficción, pero forma parte de nuestras vidas.

Patria abarca un período de 40 años. Los primeros 40 años de una democracia miles de veces reivindicada durante una dictadura sin fin. Enmarcado en la endogámica vida de un pueblo de Guipúzcoa, Uramburu retrata las dos caras de una sociedad que sufre. El terrorismo de ETA enfrenta a dos familias amigas que, irremediablemente, tendrán que encontrar el difícil camino entre la culpa y el perdón para seguir viviendo.

Detrás de Patria hay, seguro, un gran trabajo de ensamblaje. Ahí están los pensamientos, la realidad, lo que se dice y se calla, las miradas, los gestos para esquivar las palabras, el odio, la tristeza, la necesidad de olvido. Todos los personajes, que habitan en un mismo espacio, en un momento u otro sentirán la necesidad de escapar para luego volver al punto de salida. La narración de la frustración, de la huida y el reencuentro es un trabajo de arquitectura.

Fernando Uramburu no escribe para sí mismo, sino para el lector, por eso ha creado personajes a los que podríamos reconocer si los viéramos por la calle. Esta es Bittori, la viuda, el Txato, el empresario asesinado, Joxe Mari, el etarra, Joxian, Miren. Xabier, Arantxa o Gorka. Sin duda, una novela que hay que leer, porque era una novela que alguien tenía que escribir.

Dice Uramburu que ahora existe un deseo natural de distanciarse de la violencia y también existe un gran deseo de esperanza.

Sangre en los estantes

portada-sangre-en-los-estantesUna semana no  es mucho tiempo, pero sí puede enseñarnos multitud de mundos. Se lo decía recientemente a Paco Camarasa, y lo repito aquí, la BCNegra ha superado a otros intentos de de crear festivales de éxito en Barcelona. En estos 12 años se le ha otorgado una dimensión internacional a un certamen hecho a la medida de la ciudad. Teniendo a Pepe Carvalho como soñado maestro de ceremonias, han acudido interesantes escritores del género y han dejado un reguero de apuntes para entender mejor una manera de hacer novelas.  Henning Mankell, Andrea Camilleri, Donna Leon, Connell, Petros Márkaris…

Pero, a partir de ahora, algo cambiará en las siguientes ediciones de la Semana Negra de Barcelona. En 2018 ya no estará Paco Camarasa y, sin duda, se notará la ausencia, la personalísima manera de hacer del comisario.  También se nota la ausencia de la carismática libreria, la Negra y Criminal, de la Barceloneta. Pero ahí quedará su pasión por el género, por Dashiell Hammett, por Bogard, por el misterio y la realidad que se fragua en el mundo de la ficción. El secreto del éxito, creo, reside ahí, en la pasión, y en la habilidad por entenderse con los editores, los escritores, con la prensa y con el lector fiel.

Pero el librero Camarasa sigue todavía amando la novela negra, liderando clubs de lectura y hablando sobre su libro: Sangre en los estantes (Destino), una recopilación de lo que deberíamos saber sobre los autores y novelas de este género.  Y ahí lo dejamos, acompañado de su gato Brunetti, en la libreria que todavía se abre sus puertas para las ocasiones, para las lecturas y para seguir hablando, mientras se pueda, de lo que más nos gusta.

Sangre en los estantes, como dice su autor, no pretende ser un ensayo académico ni teórico. Se trata de hablar del género a través de sus autores desde la experiencia de un librero. “He tenido que quitar autores que me importaban mucho, porque no me cabía”- dice, “me hubiera quedado un libro demasiado largo”.

 

Un viaje a la Patagonia

Hacemos  multitud de fotos con nuestros teléfonos móviles cuando viajamos. Pero el trayecto por el mundo es algo más que planos acertados. Detrás de esas imágenes intencionadamente turísticas nadie explica aquello que realmente buscamos. 

final-de-novela-en-patagoniaDice Mempo Giardinelli en Final de novela en la Patagonia que este es “un lugar insólito, infinito” y estoy de acuerdo. Un lugar transitado por personajes locos desde el principio de los tiempos. Algunos hasta dejaron sus pueblos, situados al otro lado del mundo, en algún rincón de Europa, para instalarse en una tierra que no ofrecía nada palpable, aunque si, grandes dosis de libertad.

Entre la libertad y el misticismo, la Patagonia me ha dado algo más que su paisaje, viento y caminos polvorientos, también leyenda literaria.  El primer fogonazo, en Puerto Madryn, la puerta de entrada a Península de Valdés. En un día soleado y, por suerte, con marea baja, subida en la atalaya desde la que se controlan dos golfos, diviso la isla de los pájaros, tan parecida a la ilustración de la boa que se traga un elefante que dibujó Saint Exupery en El Principito, que me dieron escalofríos. El escritor francés viajó en su avioneta por encima de los Andes y vivió grandes aventuras nevadas. Después regalaría al mundo su Le Petit Prince y esta imagen inspirada en el paisaje.

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Viajar es una búsqueda, una esperanza, nuevos lugares y referencias. Son sueños que llegan a cumplirse. Solo hay que llenar una maleta con unas cuantas cosas. Lo demás lo pone el mundo y sus lugares recónditos.

Mi principal objetivo en mi viaje a la Patagonia era verlas. A ellas, a las ballenas francas. Quien sabe por qué aguardaba cumplir con ese deseo desde hacía tiempo. Al final pude hacerlo realidad ese día en Puerto Pirámide, donde estos bondadosos y gigantescos animales acuden todas las primaveras australes para reproducirse. Un día memorable aquel en el que divisé el elefante tragado por una boa de El Principito y en el que un ejemplar de ballena madre de 15 metros, su hijo, de 6 m y yo pudimos saludarnos. Vi como de su cabeza salía el vapor expulsado por sus pulmones y el mundo se detuvo durante muchos minutos. Después todo continuó girando y me alegré. Me alegré de haber llegado hasta allí. Y sonreí aliviada a los caballos salvajes, las ovejas imprescindibles, los guanacos sorprendentes, los ñandús seguidos por sus crías y las maras, un curioso roedor que se parece a la liebre.

patagonia_chatwinBruce Chatwin viajó de norte a sur de Argentina buscando su sueño infantil y después escribió En la Patagonia. Lo busqué y encontré en una librería-teatro, El Ateneo, de Buenos Aires. Un espectáculo para el libro, que se distribuye por la platea, por los palcos y hasta en los camerinos. Encaramada en el escenario, convertido en cafetería, degusté las primeras páginas mojadas en un te con menta. Así, mi viaje entró en la dimensión del recuento.

“La Patagonia empieza en Río Grande”, dice Chatwin. A partir de ahí somos testigos de excepción de un pasado que dejó por aquí su huella imperturbable. En Trelew recordamos a los primeros 150 galeses que llegaron en 1865 en un barco llamado Mimosa. “El único caso de colonización pacífica de la historia, aunque muchos se fueron, porque no aguantaron”, cuenta Paula, que nació en esta ciudad de 100.000 habitantes, aunque no es descendiente de galeses. Aquellos pioneros se instalaron en el valle del rio Chubut, que da nombre también a la provincia. En la lengua de los Tehuelches, Chubut significaba algo así como tortuoso o transparente, en referencia al río. Hoy en día los galeses no se diferencian del resto de la población de este rincón de Argentina, aunque algunos todavía conservan algunas de sus costumbres, gastronomía y el idioma.

Pero la Patagonia no se acaba ahí. Siguiendo por la Ruta Nacional 3, el inmenso paisaje nos lleva a Tierra de Fuego. Allí nos espera Ushuaia, el Fin del Mundo y la historia del capitán del Beagle, Robert Fitz Roy, que llevó a un jovencísimo Charles Darwin en su primera misión científica.

Presintiendo los 40 rugientes en el mítico y cercano Cabo de Hornos, y virando hacia la maravilla que nos ofrecen los glaciares en Calafate, no podemos hacer otra cosa que reflexionar.

“estas inmensidades perfectas que nos devuelven siempre a la verdadera dimensión de nuestra pequeñez, nuestra brevedad y nuestra infinitesimal importancia“-dice Mempo Giardinelli.

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La conspiración de los mediocres

la conspiración de los mediocresMelancolía e ironía, palabras que llenan de sentido la descripción de la novela de Ernesto Mallo, La conspiración de los mediocres (Siruela). El escritor argentino se detiene esta vez en las 167 páginas del relato y recuerda que sigue ahí ese mundo que duele y tortura nuestros recuerdos.

La conspiración de los mediocres es la cuarta entrega en España de la serie del comisario Lascano (alias el Perro) pero es la primera en orden cronológico. Para los lectores de los títulos anteriores puede resultar revelador descubrir las causas de algunos de los traumas de Lascano. Al mismo tiempo, la historia entremezcla recuerdos y la investigación de un caso que lleva la historia arriba y abajo, desde el nazismo alemán hasta la dictadura militar del general Videla. La presidenta, Isabel Perón, y López Rega habían dejado Argentina en manos de la Triple A, que sembraron el terror el país. En ese entorno, un joven comisario Lascano investiga la muerte de un anciano alemán en su casa.

La conspiración de los mediocres es una novela dura, en la que también cabe una romántica historia de amor, contraste que sorprende en algunos momentos.

Inicio: “Cuando sonó el teléfono, Rolf Böll supo que hoy vendrían a matarlo. Cuando cuelga, por el auricular le llega un sonido agudo y breve, como el trino inconcluso de un pájaro mecánico.”

Ulises de James Joyce

ulisesLa literatura es un lugar hacia el que vamos una y otra vez. Todos los días, si es posible. Y permanecemos mucho rato entre los libros apilados en nuestra biblioteca desordenada. Pensaba en esto el 16 de junio, el Bloomsday, que se celebra en Dublín desde 1954 y que recuerda aquel día en la vida de  Leopold Bloom que cuenta el Ulises de James Joyce. Creo que no voy a comerme una ración de riñones de cerdo de buena mañana, como es costumbre en estos casos y como hicieron Bloom y sus amigos en aquella jornada histórica para la literatura.

Si me gustara el Whisky, hubiera brindado con una copa de Jameson el día que visité la libreria Shakespeare and Company, una reproducción de aquella que fundó  Silvia Beach (la primera editora de Ulises) a principios de siglo, junto al Sena. También tuve oportunidad de beber un buen trago en Barcelona, cerca del mar. En la Nollegiu, un grupo de locos por los libros hemos leído Ulises  (junto a Xavier Vidal, nuestro librero de referencia) y no solos, perdidos en un rincón, sino junto a otros, comentando y protestando por las dificultades de este libro, pero contentos por la energía de una historia que nos habita.

Ulises es una novela que se puede leer y discutir. Uno puede sentarse junto a sus páginas y rememorar otras páginas, de otras literaturas, de otros escritores, de otros días en la vida, de otros amores traicionados, de otras músicas, de otros poemas.

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Entre los años 1919 y 1941 la libreria estaba en el número 12 de la calle Odéon, en París. Era un lugar de refugio para escritores como Hemingway, Ezra Pound, Scott Fitzgrald, James Joyce o Gertrude Stein, el alma protectora de la Generación Perdida. Durante la segunda Guerra Mundial quedó destruida y se construyó una réplica exacta en su emplazamiento actual, en el 37 de la calle Bûcherie.

Decía Jorge Luís Borges que la vida es algo más que palabras, son emociones y recuerdos, y que ahí radica la clave para entender Ulises. “Todo lo que cabe en un día es un proyecto casi infinito”, dijo. Y ese proyecto infinito cambió para siempre la teoría literaria, la estructura de la novela y hasta el sentido de la ficción. Quien escribe, sabe, y obliga a los lectores a conocer la literatura de antemano. Tristan Tzara, en su manifiesto dadaísta de 1918 reconocía que “hay una literatura que no llega a la masa voraz”. En el simbolismo francés el escritor sugiere imágenes que despiertan los recuerdos o la sugestión de las cosas transportándonos a los recuerdos. Muchos ven una clara influencia de Mallarmé en Joyce. ¿Dadaísmo y simbolismo explican la razón de ser de Ulises?  Aunque, al final, el método naturalista también es llevado al extremo.

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En la Shakespeare and Company se puede ver la cama en la que dormía Silivia Beach, junto a su máquina de escribir. James Joyce se pasó horas aquí discutiendo sobre su libro

Joyce no tuvo una vida facil y la escritura de su obra estuvo siempre transitada por las dificultades y por una necesidad intelectual de ir más allá de la evidencia. Por eso Ulises es un libro que te echa o te sobrecoge. Joyce tardó años en escribirlo y concentró ahí una gran sabiduría.

Innovador, James Joyce, sorprende por sus habilidades literarias, por el conocimiento profundo de la cultura y por el descubrimiento de una nueva manera de contar que todavía hoy no hemos terminado de asimilar.

 

¿Qué fue de Puigdengolas?

el coronal PuigdengolasEn un día como hoy, cuando se cumple un año sin mi madre, quiero traer aquí un libro que supuso una de sus últimas sorpresas. El coronel Puigdengolas y la batalla de Badajoz (agosto 1936), de Héctor Alonso García (PUV). En la cubierta, la foto de Puigdengolas, aquel militar al que mi madre siempre había llamado general y que había amenazado a su madre con un sable en aquel fatídico verano del 36, cuando el mundo se vino abajo y todo cambió. “Que miedo, mamá”, repetía aquella niña de entonces, y se agarraba al vestido de la mujer valiente, roja hasta la médula que era mi abuela (a quien no tuve la fortuna de conocer), que se enfrentaba a la máxima autoridad militar republicana de Badajoz en defensa de un miliciano que solo quería escapar del horror pero que para el coronel era un desertor más al que había que ajusticiar.

Por Puerta Trinidad ya entraban los Nacionales al mando del general Yagüe y las murallas no eran capaces de proteger a una población indefensa. Dicen que Puigdengolas también huyó hacia Portugal, atravesando el Puente Viejo sobre el río Guadiana, como hizo mucha gente, también mi madre, su madre y su abuela, una prima embarazada de ocho meses y su marido miliciano, que luego desapareció en Campo Maior para siempre.

Con el libro en su mano, mi madre, que conservó su buena memoria hasta casi el final, me preguntaba, sin atreverse a leer las páginas por ella misma, ¿Y aquí dice algo sobre Martínez Cartón? ¿Aquí dice que Sinforiano Madroñero, el alcalde socialista y Nicolás de Pablos, diputado por Badajoz, estaban muertos juntos en mitad de la calle, yo los vi cuando volvíamos de Portugal? ¿Y dice que los moros saqueaban las casas y asesinaban indiscriminadamente?. ¿Y dice que en la plaza de toros murió mucha gente y que metían a los presos en los chiqueros como si fueran animales, como le pasó a nuestro querido Antonio? Si, lo dice todo. Cuenta cómo fueron aquellos días, qué fue de Puigdengolas y qué fue de una ciudad que había vivido una intensa vida política hasta que fue machacada.

Después se hizo el silencio, durante años nadie quería hablar sobre lo que pasó allí. Pero pasó y no deja de sorprender que una niña fuera capaz de recordar con tanto detalle lo que vio y lo que escuchó. Cuando lo leo, escrito por otros, compruebo que existe un motivo por el que yo siempre quise escuchar, una y otra vez esta historia, la de mi madre, la que me dejó. Y creo que hay que acordarse de todo esto, del dolor de una población que se quedó atrapada bajo el espantoso manto del silencio y del miedo.

Hace ahora un año, tal día como hoy, bajo una pirámide, en el cementerio de Montjuïc, en Barcelona, pude decir alguna cosa, pero no lo hice. Ese no era un momento cualquiera como para ponerse a hablar. Dejamos que una rosas blancas y un tango lo dijeran todo. La despedida de una mujer muy especial. Alta, piel de nácar, y una voz potente que todavía sigo escuchando, explicando esta historia que nos envuelve, como una pashmina. Es el relato del sufrimiento de un pueblo y creo firmemente que no deberíamos dejar de hablar sobre ello.

El coronel Ildefonso Puigdengolas Ponce de León (1876-1936) fue un veterano que luchó en Cuba y Marruecos y desarrolló su historial en el Cuerpo de Seguridad, institución policial de la Segunda República. Bien considerado por los políticos republicanos, fue nombrado gobernador militar de Badajoz. Del máximo responsable militar de la defensa de Badajoz no sabíamos casi nada y muchos de los datos que circulaban sobre él eran difusos y contradictorios. Este libro aporta información nueva sobre su vida y su personalidad, pero también desmiente falsedades vertidas sobre este militar y el que fue el episodio más importante de su carrera.

Parte del texto de la contraportada
Editado  UNIVERSITAT DE VALENCIA

Las aguas de la eterna juventud

las aguas de la eterna juventudGuido Brunetti se encuentra junto a su esposa y sus suegros en una fiesta benéfica organizada por la contessa Demetriana Lando-Continui. Mientras asiste al espectáculo aristocrático, el comisario medita sobre la coyuntura de la hermosa Venecia, abocada a un turismo que engulle sus esencias. La ciudad no es la de antes y los venecianos auténticos han huido fuera del centro histórico.

En Las aguas de la eterna juventud  Guido Brunetti tendrá que averiguar qué le pasó en realidad a la nieta de la condesa Lando-Continui, que estuvo a punto de morir ahogada en las aguas cenagosas del canal y que, años después, vive atrapada por las graves lesiones cerebrales que le ocasionó el suceso. El comisario tendrá que averiguar si realmente la joven intentó suicidarse.

La norteamericana Donna Leon reivindicaba hace poco su vocación de escritora de novela negra mediterránea. Por fin se hizo con el Premio Pepe Carvalho durante la Semana de Novela Negra de Barcelona. Carvalho, en su aparente parsimonia, demostró que no hace falta entusiasmarse con la vida para disfrutarla. Escritores y personajes como parte de una misma cosa. La dualidad belleza y oscuridad. Un detective barcelonés baja por callejones oscuros y luego invita a una clienta francesa a almorzar ostras con un  Chablis muy frío. Un veneciano busca la tenebrosa verdad entre la humedad de palazzos desvencijados y después contempla  la belleza de los atardeceres dorados mientras cena  spaghetti alle vongole. Mucha pasta fresca, mucho orégano recién cortado y la muerte. Homenaje a la decadencia, como ya hizo Thomas Mann, a la perfección de Canaletto y al vivo color de Tiziano o El Veronese. El carnaval y máscaras inexpresivas. La hermosura negra subida en una góndola.

“Esos griegos sabían de las cosas. Sabían de la compasión y sabían más aún de la venganza. Y sabían que la diosa fortuna danzaba sin ton ni son de un lado al otro. Y sabían que nadie es siempre afortunado.” (De La chica de sus sueños, en la que una niña gitana de diez años aparece muerta llevando consigo un reloj de hombre y un anillo de bodas.

 

 

En otoño comienza esta historia

“En otoño comienza esta historia. Con una húmeda niebla, escasos grados de temperatura, oscilamientos, y una mujer que, de improviso, se percata de que la libertad está cerca”, escribió Henning Mankell en Profundidades.

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Henning Mankell falleció el 5 de octubre de 2015

Llevamos mucho tiempo leyendo las novelas de Mankell. Ese era el hábito. Cada cierto tiempo, nos trasladábamos al ambiente gélido y el paisaje blanco de Suecia. En la Novela Negra siempre hay algo por descubrir. El misterio, la maldad o el crimen que acaba siendo descubierto. Aunque lo mejor de todo es el transcurso de la investigación, la manera como se explica la vida, la sociedad y los secretos mejor guardados. Hay relatos sencillos, otros enrevesados, inteligentes, ingeniosos y tristes también. Tan tristes como una vida que se va.

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Paco Camarasa quiso despedirse de los lectores y creó un sello para los últimos libros vendidos en Negra y Criminal

Curiosa coincidencia en el tiempo. Henning Mankell murió y se cerró una librería, una de tantas, podríamos decir. Pero la realidad es que Negra y Criminal era muy especial. La última vez que estuve por allí, antes de que cerrara sus soberbios y antiguos porticones de madera (puertas de pueblo, como lo es todavía, en su esencia, el barrio de la Barceloneta) pensé en Mankell y en su Wallander y en todo lo que hicieron ellos (el escritor, la librería y el librero) por la Novela Negra.

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La tarjeta para el recuerdo

Cuando empezamos a leer a Agatha Christie, a Simenon o a Sir Arthur Conan Doyle todavía se les llamaba novelas de misterio o policíacas. Y esa esencia, la de los clásicos, estaba en la librería Negra y Criminal junto a la figura imponente de Humphrey Bogart y el recuerdo de la mítica El halcón maltés. También es verdad que junto a las recopilaciones de Dashiell Hammett o Raymond Chandler había constantemente las ganas de enseñar caras nuevas. Y ahí estamos, viviendo el género desde otra dimensión, casi, casi, muy cerca, de la literatura selecta. Y es que la intriga es seductora. La maldad nos sobrecoge.