Las aguas de la eterna juventud

las aguas de la eterna juventudGuido Brunetti se encuentra junto a su esposa y sus suegros en una fiesta benéfica organizada por la contessa Demetriana Lando-Continui. Mientras asiste al espectáculo aristocrático, el comisario medita sobre la coyuntura de la hermosa Venecia, abocada a un turismo que engulle sus esencias. La ciudad no es la de antes y los venecianos auténticos han huido fuera del centro histórico.

En Las aguas de la eterna juventud  Guido Brunetti tendrá que averiguar qué le pasó en realidad a la nieta de la condesa Lando-Continui, que estuvo a punto de morir ahogada en las aguas cenagosas del canal y que, años después, vive atrapada por las graves lesiones cerebrales que le ocasionó el suceso. El comisario tendrá que averiguar si realmente la joven intentó suicidarse.

La norteamericana Donna Leon reivindicaba hace poco su vocación de escritora de novela negra mediterránea. Por fin se hizo con el Premio Pepe Carvalho durante la Semana de Novela Negra de Barcelona. Carvalho, en su aparente parsimonia, demostró que no hace falta entusiasmarse con la vida para disfrutarla. Escritores y personajes como parte de una misma cosa. La dualidad belleza y oscuridad. Un detective barcelonés baja por callejones oscuros y luego invita a una clienta francesa a almorzar ostras con un  Chablis muy frío. Un veneciano busca la tenebrosa verdad entre la humedad de palazzos desvencijados y después contempla  la belleza de los atardeceres dorados mientras cena  spaghetti alle vongole. Mucha pasta fresca, mucho orégano recién cortado y la muerte. Homenaje a la decadencia, como ya hizo Thomas Mann, a la perfección de Canaletto y al vivo color de Tiziano o El Veronese. El carnaval y máscaras inexpresivas. La hermosura negra subida en una góndola.

“Esos griegos sabían de las cosas. Sabían de la compasión y sabían más aún de la venganza. Y sabían que la diosa fortuna danzaba sin ton ni son de un lado al otro. Y sabían que nadie es siempre afortunado.” (De La chica de sus sueños, en la que una niña gitana de diez años aparece muerta llevando consigo un reloj de hombre y un anillo de bodas.

 

 

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En otoño comienza esta historia

“En otoño comienza esta historia. Con una húmeda niebla, escasos grados de temperatura, oscilamientos, y una mujer que, de improviso, se percata de que la libertad está cerca”, escribió Henning Mankell en Profundidades.

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Henning Mankell falleció el 5 de octubre de 2015

Llevamos mucho tiempo leyendo las novelas de Mankell. Ese era el hábito. Cada cierto tiempo, nos trasladábamos al ambiente gélido y el paisaje blanco de Suecia. En la Novela Negra siempre hay algo por descubrir. El misterio, la maldad o el crimen que acaba siendo descubierto. Aunque lo mejor de todo es el transcurso de la investigación, la manera como se explica la vida, la sociedad y los secretos mejor guardados. Hay relatos sencillos, otros enrevesados, inteligentes, ingeniosos y tristes también. Tan tristes como una vida que se va.

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Paco Camarasa quiso despedirse de los lectores y creó un sello para los últimos libros vendidos en Negra y Criminal

Curiosa coincidencia en el tiempo. Henning Mankell murió y se cerró una librería, una de tantas, podríamos decir. Pero la realidad es que Negra y Criminal era muy especial. La última vez que estuve por allí, antes de que cerrara sus soberbios y antiguos porticones de madera (puertas de pueblo, como lo es todavía, en su esencia, el barrio de la Barceloneta) pensé en Mankell y en su Wallander y en todo lo que hicieron ellos (el escritor, la librería y el librero) por la Novela Negra.

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La tarjeta para el recuerdo

Cuando empezamos a leer a Agatha Christie, a Simenon o a Sir Arthur Conan Doyle todavía se les llamaba novelas de misterio o policíacas. Y esa esencia, la de los clásicos, estaba en la librería Negra y Criminal junto a la figura imponente de Humphrey Bogart y el recuerdo de la mítica El halcón maltés. También es verdad que junto a las recopilaciones de Dashiell Hammett o Raymond Chandler había constantemente las ganas de enseñar caras nuevas. Y ahí estamos, viviendo el género desde otra dimensión, casi, casi, muy cerca, de la literatura selecta. Y es que la intriga es seductora. La maldad nos sobrecoge.

Una tarde de verano en París

libroderequiemsUna tarde de agosto. Recorro las calles del barrio parisino de Marais siguiendo los pasos del Libro de réquiems (Edhasa), de Mauricio Wiesenthal. Poco antes había observado desde mi buhardilla en el barrio de Ópera los tejados de mis vecinos, y me imaginaba a Mimí en el aria Quando m’en vo (La Bohème) Muchas vidas, y mucha historia desde allí arriba.

Wiesenthal dice que “ser europeo es vivir en un pequeño continente que puede recorrerse a pie. Y el pie es, también, una medida de la poesía…”. Y constato esta medida durante un paseo por las calles del barrio judío y la plaza de Los Vosgos. Traslado de un lado a otro el Libro de réquiems a modo de guía y me dejo llevar por las calles de ese París lleno de referencias. Me impone la presencia de la habitación de Marcel Proust, ahora en el museo Carnavalet y me lleno de su tiempo y del camino de Swann hasta llegar a la Place des Vosges. Es un día soleado, pero ya la tarde ha llenado de melancolía el recuerdo que se esconde entre los balcones y las chimeneas admirables que parecen de otro tiempo. La literatura posee también ese lado obsesivo. Y, a fuerza de meternos en los libros, necesitamos verlos o intuirlos en la vida. Viajar puede ser para algunos algo más que transitar por calles y autopistas.

plazadevosgesY, claro, allí, en aquella esquina veo una bandera francesa ondeando en un balcón, el que fuera el balcón de Victor Hugo. En la misma acera, siguiendo la ruta de los soportales, veo las mesas de la terraza del Restaurant La Place Royale justo al lado de la casa de Madame Sêvigné. Si la felicidad se puede vestir de alguna manera, en parte, creo, puede hablar francés, y se acompaña suntuosamente por el sabor del foie y el aroma del borgoña. Mientras miro el color de picota del vino, me acuerdo de unas jugosas reflexiones que había leído esa misma mañana mientras recorría el trayecto entre Clemond-Ferrand y París. Mauricio Wisenthal habla sobre sus lecturas de juventud y recuerda aquellos aventureros primeros años de su vida. Él cree que hay notables diferencias entre los lectores de Camus y Sartre de aquella época. Por lo visto, o una cosa o la otra. Los lectores de Camus -dice- “teníamos las novias más guapas, más intrépidas y audaces”. En cambio, “los secuaces de Sartre solo salían con niñas freudianas y marxistas. Intelectuales pragmáticas y miopes”. Tampoco está mal esa otra manera de ver las cosas.

Libro de familia, de Patrick Modiano

Durante la infancia el mundo nos intriga profundamente. Por eso se necesitan certezas que mantengan la vida en equilibrio. Los elementos tangibles y los intangibles, el ser.

portada libro de Familia Patric Modiano

Libro de familia es el resultado de una interesante investigación, entre biográfica y de novela negra, de los rastros de una familia, la del autor.

La madre es fundamental, está allí para todo: para querernos, alimentarnos y para vestirnos. Pero, inconscientemente, en los primeros años de mi vida, yo sentí un gran apego por mi padre. Casi tiendo a pensar que era agradecimiento y admiración. Si él no hubiera ido diligentemente al Registro Civil en el mismo momento de mi nacimiento para decir que había venido, no habría sido nada oficialmente. La burocracia, que lo puede todo, no hace concesiones, y si has nacido el 22 de enero, por ejemplo, alguien tiene que ir inmediatamente a dar parte.

Y como los temas que nos preocupan no son una casualidad, ni una perla solitaria en la profundidad del mar, así lo explica Patrick Modiano en Libro de familia: “En definitiva, acabábamos de participar en el principio de algo. Esta niña iba a ser hasta cierto punto nuestra delegada en el porvenir.” Sabio Modiano, en su mundo melancólico lleno de personajes envueltos en emocionantes peripecias. La idea es explicar el presente y para ello no duda en pedirle cuentas al pasado.

Libro de familia es el resultado de una interesante investigación, entre biográfica y de novela negra, de los rastros de una familia, la del autor. Y lo hace de una forma interesante y más real que la de la simple transcripción lineal de los recuerdos. Y digo más real, porque los recuerdos suelen parecerse más a un puzle que a una línea recta. Luego los recomponemos, para que tengan la apariencia de un cuadro.

Bajo el mar acogedor de Grecia

Habían transcurrido unas horas desde que salimos de El Pireo, el puerto de Atenas. Habíamos navegado algo más de 40 millas dirección SE y estábamos a punto de pasar junto al cabo Sounión. Nos encontrábamos a bordo de una hermosa goleta de dos palos al mando del capitán Stavros. Faltaba poco para saborear el menú que había preparado María, una griega enjuta y silenciosa, que era capaz de elaborar los mejores platos de la gastronomía de su país y, al mismo tiempo y si hacía falta, gobernar la nave bajo los peores vientos del mar Egeo.

Iba sentada sobre las contundentes amarras adujadas en la cubierta de popa, disfrutando del mediodía, cuando escuché el debate que se estaba produciendo a pocos metros de donde me encontraba:

-¿Se precipitó Egeo al tirarse al mar desde el cabo Sounión creyendo, falsamente, que su hijo Teseo había muerto sin derrotar al Minotauro? Si hubiera dejado pasar más tiempo, hubiera comprobado que Teseo, simplemente, había olvidado el acuerdo y no había desplegado la vela blanca que anunciaba su éxito.

En ese momento, miré hacia el templo de Poseidón, encima del acantilado, y me imaginé al poderoso guerrero que, pensando en su bella Ariadna, había dejado, por descuido, la vela negra sobre el mástil. Desde ese momento,mar_acogedor decidí que no había mejores compañeros de viaje que estos con los que me encontraba. Gente con la que compartir lo mejor de ese verano y del siguiente y el  siguiente… Organizándolo todo, Antonio Vicario, un enamorado de Grecia, país al que conoce profundamente.

Grecia es un lugar en llamas

Y, después de tantos años recorriendo todos los rincones de un país que atrapa, Antonio Vicario ha escrito El mar acogedor, un título tan apropiado como la imagen que ilustra la portada. El azul sobre el blanco, el blanco sobre el azul, el verde los bosques, el ocre de la tierra bajo un sol de justicia, la piel rugosa de los viejos marineros, la mirada tierna de una anciana vestida de negro tomando el fresco de la tarde junto a la buganvilla del patio de su casa.

Grecia es actualmente un lugar en llamas, abrasado por las incertidumbres de su destino. Pero éste es un país antiguo, tan antiguo como nuestra civilización, y por eso es sabio. La sabiduría que viene de la tierra y del mar y de las personas que viven cada día la lucha hacia su propia dignidad.

En El mar acogedor, de Antonio Vicario, está todo esto. Encontramos historias basadas en la admiración y el respeto. Desde el Peloponeso a las Cícladas, desde el Jónico a Creta y el Dodecaneso. Grecia disfruta de una geografía intrincada y potente. Y los griegos poseen una mirada brillante y una pasión de vivir que supera todas las pruebas.

En El mar acogedor se respira el verano, vemos de cerca aquellos personajes que encontramos cuando viajamos a las islas griegas. Y la belleza, que conmueve hasta el fondo. La belleza del mar, las personas que viven en Grecia y de los que van a buscar allí esa libertad que solo se encuentra en la naturaleza de las cosas auténticas. La sencilla opulencia (por más contradictorio que parezca) de Grecia.

“Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…” (Luís Eduardo Aute, La belleza)

Medea, la transgresión de lo más sagrado

“Lo único cierto es que a menudo imagino que vuelvo”, escribe Javier Cercas en uno de sus artículos recopilados en La verdad de Agamenón. Y lo cierto, para mí también, es que muchas veces me imagino caminando de nuevo bajo el intenso calor del mes de julio, escuchando el sonido que producen con el pico las cigüeñas: tac-tac-tac. Me gusta volver a mirar el cielo azul, impoluto, de Extremadura y observar desde el Puente Viejo de Badajoz el Guadiana, plagado de nenúfares que ciñen sus raíces entre las piedras centenarias, como si estuvieran completamente seguros, el rio y el puente, de que el tiempo y las temperaturas no van a poder con ellos.

Medea en Mérida

Medea en el Teatro Romano de Mérida el 3 de julio de 2015

Es el inicio del verano y me satisface pensar que el calor no me da miedo. Así que después de dejar atrás las murallas de la Alcazaba, me voy a Mérida y espero junto a las paredes frescas del Museo de Arte Romano diseñado por Moneo (con el recuerdo del sabor intenso del jamón recien cortado de la cena) a que llegue la hora indicada para adentrarme entre las piedras romanas del teatro. Ni cerca ni lejos de la arena del escenario: en la cava baja, hacia el lateral izquierdo. Son 63 metros de longitud, 7,5 de ancho y 17,5 de alto. Vale la pena llegar antes para disfrutar de la magia y la grandiosidad de este teatro.

Puntual Medea, de Eurípides y Séneca (en recreación libre de Vicente Molina Foix y dirección de José Carlos Plaza). La obra ha estrenado la 61ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Y allí nos encontramos a una Ana Belén trágica poniendose en el alma turbia del personaje. La Medea bruja, la Medea asesina de sus hijos, la Medea que siente la traición como el inicio del fin de su mundo. Es lo femenino frente a lo masculino, la desesperación ante la pédida de la identidad, del ser uno mismo.

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El escenario del Teatro con el decorado para Medea

Jasón separa a la joven Medea de su reino y de su familia. Pasados los años, decide repudiarla para empezar él una nueva vida junto a Creúsa la hija del rey Creonte. Medea se venga entonces y transgrede el orden masculino y el alma femenina matando a Creúsa y a sus hijos, lo más sagrado, que son, en realidad, el linaje, la estirpe del marido. De esta manera se recupera a sí misma, lejos de la mentira y la ambición.

Medea se ha representado 18 veces a lo largo de la historia del Festival. La primera fue en 1933, con Margarita Xirgu como protagonista.

Una noche de bodas en Chesil Beach

chesil-beachAbsorbente y equilibrada. Apunto las palabras con las que Eduardo Mendoza definió en su día Chesil Beach (Anagrama), una novela muy breve de Ian McEwan. Absorbente y exigente, como una composición para cuarteto de cuerda.

Si existen estas obras ¿Por qué nos abandonarnos a los relatos insustanciales con los que nos alimentamos cada día?. Por suerte, siempre es posible redescubrir por sorpresa un ejemplar abandonado en la biblioteca de tu casa y leerlo con las ganas de quien cree haber localizado un lugar secreto. Ese lugar surcado por los rayos del sol de la tarde entre las ranuras de la persiana y una historia contada con la habilidad de un malabarista de las palabras. Me siento y absorvo ese momento junto a una pareja de recien casados. Me instalo en la habitación del hotel junto a la playa. Me alimento con la cena que lleva un discreto camarero y me uno al diálogo cortés de las dos personas que todavía se visten con los mismos vestidos de la ceremonia de la boda.

Florence y Edward son dos jóvenes en los inicios de los años 60, una década que se presuponía liberadora de las viejas ataduras, pero que también supo hacer evidentes los miedos reaccionarios. Soy libre y manifiesto mi oposición a todo lo antiguo. Pero ¿Cómo sacudirse de un plumazo el muro que siempre atenazó las mentes conservadoras?

Florence, la artista, de clase alta y floreciente, la de los padres afortunados, la de un futuro de éxitos. Nadie le enseñó a sentir su cuerpo y sus promesas. Edward, el chico que lucha por abrirse camino en un mundo en el que la pobreza produce estupor y una verguenza de la que no se habla pero paraliza.

¿Qué se puede esperar de esas realidades? Primero, un momento cumbre de literatura y, después…

Y en otro momento hablaremos de Expiación, aunque, como muchos saben, esta historia se tendría que leer antes. Pero, bueno, tampoco importa, ¿no?.

La habitación de Nona

la habitacion de nonaLa realidad y nuestra percepción particular de las cosas. La cotidiano tras una bola de cristal. El mundo etéreo convertido en relato. Los sueños y las pesadillas se hacen realidad. La habitación de Nona habita en el mundo de los cuentos y, en ese lugar, todo es posible.

Cuando habla sobre su nuevo libro, Cristina Fernández Cubas no quiere insistir en el hecho de que los finales de sus historias sorprenden, por lo extrañamente inesperado. La vida cotidiana esconde sus dobleces y sigo leyendo. Cuando paso por la última página de uno de los relatos, me quedo con la boca abierta y me digo: “voy a leer otro”. No llevan mucho tiempo, pero no conviene abusar, es mejor saborearlos como hacemos con el buen vino, poco a poco, dejando que los taninos nos atraviesen las tripas.

Título: La habitación de Nona (Cuentos)
Editorial: Tusquets
Páginas: 192

Un Jardín abandonado por los pájaros

un jardín abandonado por los pájarosDicho sea de paso, podemos aprender grandes cosas sobre cine y sus curiosidades leyendo a Marcos Ordónez.  Por ejemplo, ¿Saben cuántas actrices del celuloide norteamericano, estrellas del firmamento y mitos eternos han pasado por las aulas de las universidades o escribieron sesudos artículos en la prensa de su país? Muy pocas.

Pero me pareció increíble descubrir hace tiempo en este artículo que Conchita Montes, (aquella actriz atípica que conocí gracias a mi madre y a los ciclos temáticos de cine que emitía TVE) había sido la creadora del clásico Damero Maldito, y que, además, había trabajado como traductora, empresaria y directora de escena. La mejor intérprete de su marido, Edgar Neville, (según Eduardo Haro Tecglen)  fue también una de las primeras universitarias españolas (licenciada en Derecho y estudiante de Hispánicas en el Vassar College de Poughkeepsie, en Nueva York, en los años treinta). Una de las cabezas más lúcidas del cine español de la postguerra, sin duda. En esta línea de descubrimientos, me detengo un rato para comentar un libro que publicó Marcos Ordoñez hace un par de años.

En Un jardín abandonado por los pájaros (Aleph Editores), nos sumergimos en el mundo interior de la historia reciente de  Barcelona. Y cuando digo reciente, me refiero a la del siglo XX y un poco más allá. Ordoñoz relata minuciosamente la vida de una família vista a través de los ojos de un niño, él mismo y su propia família. Y ¿Dónde reside el interés para todos de la historia de una família en particular? Además del placer con el que el escritor mece las palabras para narrar escenas costumbristas de lo más cotidianas, también porque  la descripción cercana de hechos conocidos la convierten en una visión de la historia muy interesante.

Los abuelos, los tíos, los padres. Las vidas que le relató la madre en un compendio detallado de los entresijos de una família.  Un jardín abandonado por los pájaros es también la historia común, la que va más allá de un siglo. Marcos Ordoñez tuvo que novelar en esta autobiografía ante la  necesidad de llenar algunas lagunas. Había hechos que no recordaba, por razones de edad. Pero la crónica social de una época vista con los ojos de un niño curioso, un adolescente crítico y un adulto con alma de periodista, es suficiente para conocer de cerca a personas que siempre han quedado para la mayoría relegados en las referencias sociales del papel. Pocos  pueden explicar de primera mano, por ejemplo, la escena de una Raquel Meller entrada en carnes (y en años) abriendo la puerta de su casa en bata al pequeño Marcos y su abuela.  Aquella soñolienta señora mayor  nacida en Zaragoza, regresó a Barcelona después de triunfar y llenar multitud de veces el Olympia de París y otros teatros míticos de medio mundo.

Muchos de los años de Marcos Ordoñez (como los de tantos otros) se han desarrollado en una sociedad opresiva y oprimida, en un país oscuro y ensimismado. Pero, a pesar de la soledad y la derrota, en aquel el jardín abandonado por los pájaros también cabían  los sueños y la ilusión en el  futuro.

Librería Atlantis

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Paseando un día de este  invierno por la ciudad de Oia, al norte de la maravillosa isla de Santorini, descubrí la librería Atlantis Books, sin duda, una de las mejores del mundo.  Había que bajar unas escaleres muy estrechas y empinadas, como en todas las casas milagrosamente construidas en la ladera del cráter del volcán de Nea Kameni. Después de traspasar frases literarias escritas en  las paredes, el teclado indemne de una máquina de escribir expuesta a la lluvia y pinturas al frIMG_6916esco de un mar de páginas de libros, me encontré con un espacio alegre y brillante. Los rayos del sol entraban por una ventana pintada del azul añil de Grecia,  iluminando cientos de libros venidos de muchas partes del mundo. Estaban ordenados por idiomas. Todos y cada uno de ellos olía a horas de lectura, a los dueños que en su día los dejaron allí para que otros pudieran leerlos.  Al fondo de la sala, detras de unos estantes de madera antigua, sentado en su mesa, el librero hablaba por teléfono, negociaba en inglés, y sobre libros,  claro. Mi ensimismamiento pudo a la curiosidad. ¿Cómo se ha producido semenjante milagro? No necesité preguntarlo, porque lo sabía.

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Aquel era el sitio que, sin saberlo, estaba buscando. No lo olvidaré. Me prometo volver.