Un viaje a la Patagonia

Hacemos  multitud de fotos con nuestros teléfonos móviles cuando viajamos. Pero el trayecto por el mundo es algo más que planos acertados. Detrás de esas imágenes intencionadamente turísticas nadie explica aquello que realmente buscamos. 

final-de-novela-en-patagoniaDice Mempo Giardinelli en Final de novela en la Patagonia que este es “un lugar insólito, infinito” y estoy de acuerdo. Un lugar transitado por personajes locos desde el principio de los tiempos. Algunos hasta dejaron sus pueblos, situados al otro lado del mundo, en algún rincón de Europa, para instalarse en una tierra que no ofrecía nada palpable, aunque si, grandes dosis de libertad.

Entre la libertad y el misticismo, la Patagonia me ha dado algo más que su paisaje, viento y caminos polvorientos, también leyenda literaria.  El primer fogonazo, en Puerto Madryn, la puerta de entrada a Península de Valdés. En un día soleado y, por suerte, con marea baja, subida en la atalaya desde la que se controlan dos golfos, diviso la isla de los pájaros, tan parecida a la ilustración de la boa que se traga un elefante que dibujó Saint Exupery en El Principito, que me dieron escalofríos. El escritor francés viajó en su avioneta por encima de los Andes y vivió grandes aventuras nevadas. Después regalaría al mundo su Le Petit Prince y esta imagen inspirada en el paisaje.

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Viajar es una búsqueda, una esperanza, nuevos lugares y referencias. Son sueños que llegan a cumplirse. Solo hay que llenar una maleta con unas cuantas cosas. Lo demás lo pone el mundo y sus lugares recónditos.

Mi principal objetivo en mi viaje a la Patagonia era verlas. A ellas, a las ballenas francas. Quien sabe por qué aguardaba cumplir con ese deseo desde hacía tiempo. Al final pude hacerlo realidad ese día en Puerto Pirámide, donde estos bondadosos y gigantescos animales acuden todas las primaveras australes para reproducirse. Un día memorable aquel en el que divisé el elefante tragado por una boa de El Principito y en el que un ejemplar de ballena madre de 15 metros, su hijo, de 6 m y yo pudimos saludarnos. Vi como de su cabeza salía el vapor expulsado por sus pulmones y el mundo se detuvo durante muchos minutos. Después todo continuó girando y me alegré. Me alegré de haber llegado hasta allí. Y sonreí aliviada a los caballos salvajes, las ovejas imprescindibles, los guanacos sorprendentes, los ñandús seguidos por sus crías y las maras, un curioso roedor que se parece a la liebre.

patagonia_chatwinBruce Chatwin viajó de norte a sur de Argentina buscando su sueño infantil y después escribió En la Patagonia. Lo busqué y encontré en una librería-teatro, El Ateneo, de Buenos Aires. Un espectáculo para el libro, que se distribuye por la platea, por los palcos y hasta en los camerinos. Encaramada en el escenario, convertido en cafetería, degusté las primeras páginas mojadas en un te con menta. Así, mi viaje entró en la dimensión del recuento.

“La Patagonia empieza en Río Grande”, dice Chatwin. A partir de ahí somos testigos de excepción de un pasado que dejó por aquí su huella imperturbable. En Trelew recordamos a los primeros 150 galeses que llegaron en 1865 en un barco llamado Mimosa. “El único caso de colonización pacífica de la historia, aunque muchos se fueron, porque no aguantaron”, cuenta Paula, que nació en esta ciudad de 100.000 habitantes, aunque no es descendiente de galeses. Aquellos pioneros se instalaron en el valle del rio Chubut, que da nombre también a la provincia. En la lengua de los Tehuelches, Chubut significaba algo así como tortuoso o transparente, en referencia al río. Hoy en día los galeses no se diferencian del resto de la población de este rincón de Argentina, aunque algunos todavía conservan algunas de sus costumbres, gastronomía y el idioma.

Pero la Patagonia no se acaba ahí. Siguiendo por la Ruta Nacional 3, el inmenso paisaje nos lleva a Tierra de Fuego. Allí nos espera Ushuaia, el Fin del Mundo y la historia del capitán del Beagle, Robert Fitz Roy, que llevó a un jovencísimo Charles Darwin en su primera misión científica.

Presintiendo los 40 rugientes en el mítico y cercano Cabo de Hornos, y virando hacia la maravilla que nos ofrecen los glaciares en Calafate, no podemos hacer otra cosa que reflexionar.

“estas inmensidades perfectas que nos devuelven siempre a la verdadera dimensión de nuestra pequeñez, nuestra brevedad y nuestra infinitesimal importancia“-dice Mempo Giardinelli.

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La conspiración de los mediocres

la conspiración de los mediocresMelancolía e ironía, palabras que llenan de sentido la descripción de la novela de Ernesto Mallo, La conspiración de los mediocres (Siruela). El escritor argentino se detiene esta vez en las 167 páginas del relato y recuerda que sigue ahí ese mundo que duele y tortura nuestros recuerdos.

La conspiración de los mediocres es la cuarta entrega en España de la serie del comisario Lascano (alias el Perro) pero es la primera en orden cronológico. Para los lectores de los títulos anteriores puede resultar revelador descubrir las causas de algunos de los traumas de Lascano. Al mismo tiempo, la historia entremezcla recuerdos y la investigación de un caso que lleva la historia arriba y abajo, desde el nazismo alemán hasta la dictadura militar del general Videla. La presidenta, Isabel Perón, y López Rega habían dejado Argentina en manos de la Triple A, que sembraron el terror el país. En ese entorno, un joven comisario Lascano investiga la muerte de un anciano alemán en su casa.

La conspiración de los mediocres es una novela dura, en la que también cabe una romántica historia de amor, contraste que sorprende en algunos momentos.

Inicio: “Cuando sonó el teléfono, Rolf Böll supo que hoy vendrían a matarlo. Cuando cuelga, por el auricular le llega un sonido agudo y breve, como el trino inconcluso de un pájaro mecánico.”

Ulises de James Joyce

ulisesLa literatura es un lugar hacia el que vamos una y otra vez. Todos los días, si es posible. Y permanecemos mucho rato entre los libros apilados en nuestra biblioteca desordenada. Pensaba en esto el 16 de junio, el Bloomsday, que se celebra en Dublín desde 1954 y que recuerda aquel día en la vida de  Leopold Bloom que cuenta el Ulises de James Joyce. Creo que no voy a comerme una ración de riñones de cerdo de buena mañana, como es costumbre en estos casos y como hicieron Bloom y sus amigos en aquella jornada histórica para la literatura.

Si me gustara el Whisky, hubiera brindado con una copa de Jameson el día que visité la libreria Shakespeare and Company, una reproducción de aquella que fundó  Silvia Beach (la primera editora de Ulises) a principios de siglo, junto al Sena. También tuve oportunidad de beber un buen trago en Barcelona, cerca del mar. En la Nollegiu, un grupo de locos por los libros hemos leído Ulises  (junto a Xavier Vidal, nuestro librero de referencia) y no solos, perdidos en un rincón, sino junto a otros, comentando y protestando por las dificultades de este libro, pero contentos por la energía de una historia que nos habita.

Ulises es una novela que se puede leer y discutir. Uno puede sentarse junto a sus páginas y rememorar otras páginas, de otras literaturas, de otros escritores, de otros días en la vida, de otros amores traicionados, de otras músicas, de otros poemas.

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Entre los años 1919 y 1941 la libreria estaba en el número 12 de la calle Odéon, en París. Era un lugar de refugio para escritores como Hemingway, Ezra Pound, Scott Fitzgrald, James Joyce o Gertrude Stein, el alma protectora de la Generación Perdida. Durante la segunda Guerra Mundial quedó destruida y se construyó una réplica exacta en su emplazamiento actual, en el 37 de la calle Bûcherie.

Decía Jorge Luís Borges que la vida es algo más que palabras, son emociones y recuerdos, y que ahí radica la clave para entender Ulises. “Todo lo que cabe en un día es un proyecto casi infinito”, dijo. Y ese proyecto infinito cambió para siempre la teoría literaria, la estructura de la novela y hasta el sentido de la ficción. Quien escribe, sabe, y obliga a los lectores a conocer la literatura de antemano. Tristan Tzara, en su manifiesto dadaísta de 1918 reconocía que “hay una literatura que no llega a la masa voraz”. En el simbolismo francés el escritor sugiere imágenes que despiertan los recuerdos o la sugestión de las cosas transportándonos a los recuerdos. Muchos ven una clara influencia de Mallarmé en Joyce. ¿Dadaísmo y simbolismo explican la razón de ser de Ulises?  Aunque, al final, el método naturalista también es llevado al extremo.

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En la Shakespeare and Company se puede ver la cama en la que dormía Silivia Beach, junto a su máquina de escribir. James Joyce se pasó horas aquí discutiendo sobre su libro

Joyce no tuvo una vida facil y la escritura de su obra estuvo siempre transitada por las dificultades y por una necesidad intelectual de ir más allá de la evidencia. Por eso Ulises es un libro que te echa o te sobrecoge. Joyce tardó años en escribirlo y concentró ahí una gran sabiduría.

Innovador, James Joyce, sorprende por sus habilidades literarias, por el conocimiento profundo de la cultura y por el descubrimiento de una nueva manera de contar que todavía hoy no hemos terminado de asimilar.

 

¿Qué fue de Puigdengolas?

el coronal PuigdengolasEn un día como hoy, cuando se cumple un año sin mi madre, quiero traer aquí un libro que supuso una de sus últimas sorpresas. El coronel Puigdengolas y la batalla de Badajoz (agosto 1936), de Héctor Alonso García (PUV). En la cubierta, la foto de Puigdengolas, aquel militar al que mi madre siempre había llamado general y que había amenazado a su madre con un sable en aquel fatídico verano del 36, cuando el mundo se vino abajo y todo cambió. “Que miedo, mamá”, repetía aquella niña de entonces, y se agarraba al vestido de la mujer valiente, roja hasta la médula que era mi abuela (a quien no tuve la fortuna de conocer), que se enfrentaba a la máxima autoridad militar republicana de Badajoz en defensa de un miliciano que solo quería escapar del horror pero que para el coronel era un desertor más al que había que ajusticiar.

Por Puerta Trinidad ya entraban los Nacionales al mando del general Yagüe y las murallas no eran capaces de proteger a una población indefensa. Dicen que Puigdengolas también huyó hacia Portugal, atravesando el Puente Viejo sobre el río Guadiana, como hizo mucha gente, también mi madre, su madre y su abuela, una prima embarazada de ocho meses y su marido miliciano, que luego desapareció en Campo Maior para siempre.

Con el libro en su mano, mi madre, que conservó su buena memoria hasta casi el final, me preguntaba, sin atreverse a leer las páginas por ella misma, ¿Y aquí dice algo sobre Martínez Cartón? ¿Aquí dice que Sinforiano Madroñero, el alcalde socialista y Nicolás de Pablos, diputado por Badajoz, estaban muertos juntos en mitad de la calle, yo los vi cuando volvíamos de Portugal? ¿Y dice que los moros saqueaban las casas y asesinaban indiscriminadamente?. ¿Y dice que en la plaza de toros murió mucha gente y que metían a los presos en los chiqueros como si fueran animales, como le pasó a nuestro querido Antonio? Si, lo dice todo. Cuenta cómo fueron aquellos días, qué fue de Puigdengolas y qué fue de una ciudad que había vivido una intensa vida política hasta que fue machacada.

Después se hizo el silencio, durante años nadie quería hablar sobre lo que pasó allí. Pero pasó y no deja de sorprender que una niña fuera capaz de recordar con tanto detalle lo que vio y lo que escuchó. Cuando lo leo, escrito por otros, compruebo que existe un motivo por el que yo siempre quise escuchar, una y otra vez esta historia, la de mi madre, la que me dejó. Y creo que hay que acordarse de todo esto, del dolor de una población que se quedó atrapada bajo el espantoso manto del silencio y del miedo.

Hace ahora un año, tal día como hoy, bajo una pirámide, en el cementerio de Montjuïc, en Barcelona, pude decir alguna cosa, pero no lo hice. Ese no era un momento cualquiera como para ponerse a hablar. Dejamos que una rosas blancas y un tango lo dijeran todo. La despedida de una mujer muy especial. Alta, piel de nácar, y una voz potente que todavía sigo escuchando, explicando esta historia que nos envuelve, como una pashmina. Es el relato del sufrimiento de un pueblo y creo firmemente que no deberíamos dejar de hablar sobre ello.

El coronel Ildefonso Puigdengolas Ponce de León (1876-1936) fue un veterano que luchó en Cuba y Marruecos y desarrolló su historial en el Cuerpo de Seguridad, institución policial de la Segunda República. Bien considerado por los políticos republicanos, fue nombrado gobernador militar de Badajoz. Del máximo responsable militar de la defensa de Badajoz no sabíamos casi nada y muchos de los datos que circulaban sobre él eran difusos y contradictorios. Este libro aporta información nueva sobre su vida y su personalidad, pero también desmiente falsedades vertidas sobre este militar y el que fue el episodio más importante de su carrera.

Parte del texto de la contraportada
Editado  UNIVERSITAT DE VALENCIA

Las aguas de la eterna juventud

las aguas de la eterna juventudGuido Brunetti se encuentra junto a su esposa y sus suegros en una fiesta benéfica organizada por la contessa Demetriana Lando-Continui. Mientras asiste al espectáculo aristocrático, el comisario medita sobre la coyuntura de la hermosa Venecia, abocada a un turismo que engulle sus esencias. La ciudad no es la de antes y los venecianos auténticos han huido fuera del centro histórico.

En Las aguas de la eterna juventud  Guido Brunetti tendrá que averiguar qué le pasó en realidad a la nieta de la condesa Lando-Continui, que estuvo a punto de morir ahogada en las aguas cenagosas del canal y que, años después, vive atrapada por las graves lesiones cerebrales que le ocasionó el suceso. El comisario tendrá que averiguar si realmente la joven intentó suicidarse.

La norteamericana Donna Leon reivindicaba hace poco su vocación de escritora de novela negra mediterránea. Por fin se hizo con el Premio Pepe Carvalho durante la Semana de Novela Negra de Barcelona. Carvalho, en su aparente parsimonia, demostró que no hace falta entusiasmarse con la vida para disfrutarla. Escritores y personajes como parte de una misma cosa. La dualidad belleza y oscuridad. Un detective barcelonés baja por callejones oscuros y luego invita a una clienta francesa a almorzar ostras con un  Chablis muy frío. Un veneciano busca la tenebrosa verdad entre la humedad de palazzos desvencijados y después contempla  la belleza de los atardeceres dorados mientras cena  spaghetti alle vongole. Mucha pasta fresca, mucho orégano recién cortado y la muerte. Homenaje a la decadencia, como ya hizo Thomas Mann, a la perfección de Canaletto y al vivo color de Tiziano o El Veronese. El carnaval y máscaras inexpresivas. La hermosura negra subida en una góndola.

“Esos griegos sabían de las cosas. Sabían de la compasión y sabían más aún de la venganza. Y sabían que la diosa fortuna danzaba sin ton ni son de un lado al otro. Y sabían que nadie es siempre afortunado.” (De La chica de sus sueños, en la que una niña gitana de diez años aparece muerta llevando consigo un reloj de hombre y un anillo de bodas.

 

 

En otoño comienza esta historia

“En otoño comienza esta historia. Con una húmeda niebla, escasos grados de temperatura, oscilamientos, y una mujer que, de improviso, se percata de que la libertad está cerca”, escribió Henning Mankell en Profundidades.

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Henning Mankell falleció el 5 de octubre de 2015

Llevamos mucho tiempo leyendo las novelas de Mankell. Ese era el hábito. Cada cierto tiempo, nos trasladábamos al ambiente gélido y el paisaje blanco de Suecia. En la Novela Negra siempre hay algo por descubrir. El misterio, la maldad o el crimen que acaba siendo descubierto. Aunque lo mejor de todo es el transcurso de la investigación, la manera como se explica la vida, la sociedad y los secretos mejor guardados. Hay relatos sencillos, otros enrevesados, inteligentes, ingeniosos y tristes también. Tan tristes como una vida que se va.

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Paco Camarasa quiso despedirse de los lectores y creó un sello para los últimos libros vendidos en Negra y Criminal

Curiosa coincidencia en el tiempo. Henning Mankell murió y se cerró una librería, una de tantas, podríamos decir. Pero la realidad es que Negra y Criminal era muy especial. La última vez que estuve por allí, antes de que cerrara sus soberbios y antiguos porticones de madera (puertas de pueblo, como lo es todavía, en su esencia, el barrio de la Barceloneta) pensé en Mankell y en su Wallander y en todo lo que hicieron ellos (el escritor, la librería y el librero) por la Novela Negra.

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La tarjeta para el recuerdo

Cuando empezamos a leer a Agatha Christie, a Simenon o a Sir Arthur Conan Doyle todavía se les llamaba novelas de misterio o policíacas. Y esa esencia, la de los clásicos, estaba en la librería Negra y Criminal junto a la figura imponente de Humphrey Bogart y el recuerdo de la mítica El halcón maltés. También es verdad que junto a las recopilaciones de Dashiell Hammett o Raymond Chandler había constantemente las ganas de enseñar caras nuevas. Y ahí estamos, viviendo el género desde otra dimensión, casi, casi, muy cerca, de la literatura selecta. Y es que la intriga es seductora. La maldad nos sobrecoge.

Una tarde de verano en París

libroderequiemsUna tarde de agosto. Recorro las calles del barrio parisino de Marais siguiendo los pasos del Libro de réquiems (Edhasa), de Mauricio Wiesenthal. Poco antes había observado desde mi buhardilla en el barrio de Ópera los tejados de mis vecinos, y me imaginaba a Mimí en el aria Quando m’en vo (La Bohème) Muchas vidas, y mucha historia desde allí arriba.

Wiesenthal dice que “ser europeo es vivir en un pequeño continente que puede recorrerse a pie. Y el pie es, también, una medida de la poesía…”. Y constato esta medida durante un paseo por las calles del barrio judío y la plaza de Los Vosgos. Traslado de un lado a otro el Libro de réquiems a modo de guía y me dejo llevar por las calles de ese París lleno de referencias. Me impone la presencia de la habitación de Marcel Proust, ahora en el museo Carnavalet y me lleno de su tiempo y del camino de Swann hasta llegar a la Place des Vosges. Es un día soleado, pero ya la tarde ha llenado de melancolía el recuerdo que se esconde entre los balcones y las chimeneas admirables que parecen de otro tiempo. La literatura posee también ese lado obsesivo. Y, a fuerza de meternos en los libros, necesitamos verlos o intuirlos en la vida. Viajar puede ser para algunos algo más que transitar por calles y autopistas.

plazadevosgesY, claro, allí, en aquella esquina veo una bandera francesa ondeando en un balcón, el que fuera el balcón de Victor Hugo. En la misma acera, siguiendo la ruta de los soportales, veo las mesas de la terraza del Restaurant La Place Royale justo al lado de la casa de Madame Sêvigné. Si la felicidad se puede vestir de alguna manera, en parte, creo, puede hablar francés, y se acompaña suntuosamente por el sabor del foie y el aroma del borgoña. Mientras miro el color de picota del vino, me acuerdo de unas jugosas reflexiones que había leído esa misma mañana mientras recorría el trayecto entre Clemond-Ferrand y París. Mauricio Wisenthal habla sobre sus lecturas de juventud y recuerda aquellos aventureros primeros años de su vida. Él cree que hay notables diferencias entre los lectores de Camus y Sartre de aquella época. Por lo visto, o una cosa o la otra. Los lectores de Camus -dice- “teníamos las novias más guapas, más intrépidas y audaces”. En cambio, “los secuaces de Sartre solo salían con niñas freudianas y marxistas. Intelectuales pragmáticas y miopes”. Tampoco está mal esa otra manera de ver las cosas.

Libro de familia, de Patrick Modiano

Durante la infancia el mundo nos intriga profundamente. Por eso se necesitan certezas que mantengan la vida en equilibrio. Los elementos tangibles y los intangibles, el ser.

portada libro de Familia Patric Modiano
Libro de familia es el resultado de una interesante investigación, entre biográfica y de novela negra, de los rastros de una familia, la del autor.

La madre es fundamental, está allí para todo: para querernos, alimentarnos y para vestirnos. Pero, inconscientemente, en los primeros años de mi vida, yo sentí un gran apego por mi padre. Casi tiendo a pensar que era agradecimiento y admiración. Si él no hubiera ido diligentemente al Registro Civil en el mismo momento de mi nacimiento para decir que había venido, no habría sido nada oficialmente. La burocracia, que lo puede todo, no hace concesiones, y si has nacido el 22 de enero, por ejemplo, alguien tiene que ir inmediatamente a dar parte.

Y como los temas que nos preocupan no son una casualidad, ni una perla solitaria en la profundidad del mar, así lo explica Patrick Modiano en Libro de familia: “En definitiva, acabábamos de participar en el principio de algo. Esta niña iba a ser hasta cierto punto nuestra delegada en el porvenir.” Sabio Modiano, en su mundo melancólico lleno de personajes envueltos en emocionantes peripecias. La idea es explicar el presente y para ello no duda en pedirle cuentas al pasado.

Libro de familia es el resultado de una interesante investigación, entre biográfica y de novela negra, de los rastros de una familia, la del autor. Y lo hace de una forma interesante y más real que la de la simple transcripción lineal de los recuerdos. Y digo más real, porque los recuerdos suelen parecerse más a un puzle que a una línea recta. Luego los recomponemos, para que tengan la apariencia de un cuadro.

Bajo el mar acogedor de Grecia

Habían transcurrido unas horas desde que salimos de El Pireo, el puerto de Atenas. Habíamos navegado algo más de 40 millas dirección SE y estábamos a punto de pasar junto al cabo Sounión. Nos encontrábamos a bordo de una hermosa goleta de dos palos al mando del capitán Stavros. Faltaba poco para saborear el menú que había preparado María, una griega enjuta y silenciosa, que era capaz de elaborar los mejores platos de la gastronomía de su país y, al mismo tiempo y si hacía falta, gobernar la nave bajo los peores vientos del mar Egeo.

Iba sentada sobre las contundentes amarras adujadas en la cubierta de popa, disfrutando del mediodía, cuando escuché el debate que se estaba produciendo a pocos metros de donde me encontraba:

-¿Se precipitó Egeo al tirarse al mar desde el cabo Sounión creyendo, falsamente, que su hijo Teseo había muerto sin derrotar al Minotauro? Si hubiera dejado pasar más tiempo, hubiera comprobado que Teseo, simplemente, había olvidado el acuerdo y no había desplegado la vela blanca que anunciaba su éxito.

En ese momento, miré hacia el templo de Poseidón, encima del acantilado, y me imaginé al poderoso guerrero que, pensando en su bella Ariadna, había dejado, por descuido, la vela negra sobre el mástil. Desde ese momento,mar_acogedor decidí que no había mejores compañeros de viaje que estos con los que me encontraba. Gente con la que compartir lo mejor de ese verano y del siguiente y el  siguiente… Organizándolo todo, Antonio Vicario, un enamorado de Grecia, país al que conoce profundamente.

Grecia es un lugar en llamas

Y, después de tantos años recorriendo todos los rincones de un país que atrapa, Antonio Vicario ha escrito El mar acogedor, un título tan apropiado como la imagen que ilustra la portada. El azul sobre el blanco, el blanco sobre el azul, el verde los bosques, el ocre de la tierra bajo un sol de justicia, la piel rugosa de los viejos marineros, la mirada tierna de una anciana vestida de negro tomando el fresco de la tarde junto a la buganvilla del patio de su casa.

Grecia es actualmente un lugar en llamas, abrasado por las incertidumbres de su destino. Pero éste es un país antiguo, tan antiguo como nuestra civilización, y por eso es sabio. La sabiduría que viene de la tierra y del mar y de las personas que viven cada día la lucha hacia su propia dignidad.

En El mar acogedor, de Antonio Vicario, está todo esto. Encontramos historias basadas en la admiración y el respeto. Desde el Peloponeso a las Cícladas, desde el Jónico a Creta y el Dodecaneso. Grecia disfruta de una geografía intrincada y potente. Y los griegos poseen una mirada brillante y una pasión de vivir que supera todas las pruebas.

En El mar acogedor se respira el verano, vemos de cerca aquellos personajes que encontramos cuando viajamos a las islas griegas. Y la belleza, que conmueve hasta el fondo. La belleza del mar, las personas que viven en Grecia y de los que van a buscar allí esa libertad que solo se encuentra en la naturaleza de las cosas auténticas. La sencilla opulencia (por más contradictorio que parezca) de Grecia.

“Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…” (Luís Eduardo Aute, La belleza)

Medea, la transgresión de lo más sagrado

“Lo único cierto es que a menudo imagino que vuelvo”, escribe Javier Cercas en uno de sus artículos recopilados en La verdad de Agamenón. Y lo cierto, para mí también, es que muchas veces me imagino caminando de nuevo bajo el intenso calor del mes de julio, escuchando el sonido que producen con el pico las cigüeñas: tac-tac-tac. Me gusta volver a mirar el cielo azul, impoluto, de Extremadura y observar desde el Puente Viejo de Badajoz el Guadiana, plagado de nenúfares que ciñen sus raíces entre las piedras centenarias, como si estuvieran completamente seguros, el rio y el puente, de que el tiempo y las temperaturas no van a poder con ellos.

Medea en Mérida
Medea en el Teatro Romano de Mérida el 3 de julio de 2015

Es el inicio del verano y me satisface pensar que el calor no me da miedo. Así que después de dejar atrás las murallas de la Alcazaba, me voy a Mérida y espero junto a las paredes frescas del Museo de Arte Romano diseñado por Moneo (con el recuerdo del sabor intenso del jamón recien cortado de la cena) a que llegue la hora indicada para adentrarme entre las piedras romanas del teatro. Ni cerca ni lejos de la arena del escenario: en la cava baja, hacia el lateral izquierdo. Son 63 metros de longitud, 7,5 de ancho y 17,5 de alto. Vale la pena llegar antes para disfrutar de la magia y la grandiosidad de este teatro.

Puntual Medea, de Eurípides y Séneca (en recreación libre de Vicente Molina Foix y dirección de José Carlos Plaza). La obra ha estrenado la 61ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Y allí nos encontramos a una Ana Belén trágica poniendose en el alma turbia del personaje. La Medea bruja, la Medea asesina de sus hijos, la Medea que siente la traición como el inicio del fin de su mundo. Es lo femenino frente a lo masculino, la desesperación ante la pédida de la identidad, del ser uno mismo.

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El escenario del Teatro con el decorado para Medea

Jasón separa a la joven Medea de su reino y de su familia. Pasados los años, decide repudiarla para empezar él una nueva vida junto a Creúsa la hija del rey Creonte. Medea se venga entonces y transgrede el orden masculino y el alma femenina matando a Creúsa y a sus hijos, lo más sagrado, que son, en realidad, el linaje, la estirpe del marido. De esta manera se recupera a sí misma, lejos de la mentira y la ambición.

Medea se ha representado 18 veces a lo largo de la historia del Festival. La primera fue en 1933, con Margarita Xirgu como protagonista.