Últimas tardes con Teresa

La madre de Teresa tiene la sensación de que ha viajado a El Congo cuando visita a El Pijoaparte en su barrio, El Carmelo. En los años 50 o 60 en Barcelona las clases sociales estaban a kilómetros siderales de distancia. Juan Marsé describió en su hermosa literatura la realidad de una sociedad con ganas de cambiar, de salir de aquel ostracismo. En Últimas tardes con Teresa (1966, Ed. Seix Barral, Premio Biblioteca Breve 1965), la joven universitaria de clase alta siente curiosidad por el mundo de un chico atractivo que solo aporta su belleza para salir de su barrio pobre. En el día de hoy hemos sabido que Juan Marsé ha muerto a los 87 años de edad. Enseguida se me ha venido a la cabeza el recuerdo de esta lectura inolvidable.

Un experimentado productor editorial me contó un día que mientras corregía un manuscrito anónimo destinado a participar en el premio literario mejor valorado de nuestro país, reconoció el estilo incofundible de Juan Marsé. Durante años, habia estado examinando las tripas del mundo literario de este autor y ningún silencio sobre la autoria de una novela podría ocultarle quién estaba detrás de ella. Esa historia sería luego el Premio Planeta en 1978, su título: La muchacha de las bragas oro.

Pero Juan Marsé, ganador de premios prestigiosos, se sitúa mucho más allá de su éxito. Es el escritor que narró una época llena de incertidumbres y censura. Era el más joven de la conocida como generación de los 50. Y, aunque no le gustaba este título, formaba parte de los grandes escritores que en la actualidad son nuestras referencias. Marsé afirmó que Jaime Gil de Biedma fue una de las personas que más quiso en su vida. En un electrizante artícula en El País recordaba el poema que Gil de Biedma le había dedicado: Noche triste de octubre, 1959, publicado en Moralidades, en 1966.

Por todo el litoral de Cataluña llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.

Dionisio Ridruejo escribió en 1974 el prólogo de Si te dicen que caí, en la edición de la Editoral Bruguera. Me quedo con estas palabras, que dicen sabiamente el sentido de un escritor y su mundo literario.
“Creo que Marsé ha logrado volver imaginativamente de su viaje al olvido cargado de un mundo redivivo que algunos hemos descrito en teoría o en análisis sin calar su fondo estremecedor, y que otros ignoran, porque la ignorancia forma parte de la estrategia del vivir. Pero lo que más me impresiona de esta evocación de aquellos años, con su entraña terrible y alucinada, es que Marsé pone en su foco selectivo una enorme cantidad de amor”.

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