El sentido de un final de Julian Barnes

Portada de <em>El sentido de un final</em>, de Julian Barnes¿Por  qué las cosas dejaron de ser como pensábamos que iban a ser siempre?. ¿No es esa  una de las intrigas más grandes? ¿Por qué se acabó aquella amistad de la adolescencia que imaginábamos eterna? ¿A qué se debió aquel comentario que nos cayó encima como una losa? ¿Por qué no se nos ocurrió preguntar en su momento y permitimos  que la duda se instalara para siempre en nuestra memoria?.

La incertidumbre invade nuestras vidas y su peso se multiplica con el paso de los años. Por eso solemos esforzarnos  en olvidar aquello que no conseguimos comprender. Muchas veces lo conseguimos, y nos centramos en resolver las pequeñas cosas cotidianas que nos impelen hacia adelante.

Pasado y presente. Nos quedamos suspendidos el aire, intentado convencernos de que nada es importante, cuando, en realidad, sufrimos lo indecible por llegar a la perfección.  Pero nada es perfecto y la vida se nos pasa sin remedio en el intento.

Qué inspirador y revelador me ha parecido este pequeño-gran libro de Julian Barnes, El sentido de un final (Anagrama).  Como un clavo ardiendo en el centro de la historia, el suicidio del amigo adolescente, como prueba irrefutable del sagrado libre albedrío. Era el más listo, el más locuaz, el más atrayente, el que tenía mejores perspectivas de futuro, y decidió él mismo sobre su vida y su derecho a la  perpetuidad.

Esta historia de Barnes me ha recordado mucho idea de la Náusea de Sartre o la esencia de las novelas de Camus o la decisión final y definitiva de Cesare Pavese, aquel solistario en las colinas del Piamonte observando el lado trágico de la vida desde su atalaya. Pavese dejó una nota en la que decía “Perdono a todos y a todos pido perdón”.  Pero el Adrian de Barnes, el amigo de Tony Webster, no se muestra tan compasivo, ni magnánimo. Este final es mucho más descriptivo y vehemente, como corresponde a su juventud, y deja escrito en un diario, casi matemáticamente, su trágico final”.  En su perplejidad, la madre de Tony Webster, al enterarse de la noticia, comenta: “si no hubiera  sido tan inteligente”…

Pasados los años y, sumergido en su vida anodina pero placentera, Tony se sorprenderá preguntándose sobre algunas incognitas y esperando algunas respuestas, las que corresponden a la sencilla y a la vez enrevesada condición humana.

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Negra y misteriosa

Una noche de domingo cualquiera en Madrid. El inspector de policía Santos Trinidad va muy borracho por las calles camino de casa cuando se ve involucrado en un triple asesinato.

No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu, fue la gran triunfadora de los premios Goya de este año y José Coronado consiguió finalmente la estatuilla con la que había soñado durante mucho tiempo.

El thriller es un género que fascina al público de cine. El último trabajo de Pedro Almodóvar, La piel que habito, también se ha dejado arrastrar por la fascinación del género, y los directivos de televisión no paran de producir series con multitud de escenas escabrosas magistralmente realizadas. Las bases de todo esto es la literatura, el misterio siempre ha creado un nexo de unión muy sólido entre los autores y los lectores. Los sentimientos humanos y los bajos instintos ocultos dejados al descubierto representan un gran atractivo. Hitchcock dominó como nadie el arte del suspense, de tal manera que el espectador se ve irremediablemente atrapado y esperando la resolución de una situación que conoce antes de que los protagonistas de la película .

Hace días que no explico nada sobre los libros. El hecho de escribir se toma, de vez en cuando, licencias  y se somete a la dulce retórica de la contemplación de las palabras y los conceptos. Esta actitud me ha permitido deambular por las librerías y por las novedades con ganas de descubrir realmente algo realmente interesante para mis ganas de entusiasmo imaginativo. La recompensa ha sido buena, siempre quedan los clásicos .

Cine -literatura – pintura -cine -literatura – pintura . Gran Bretaña ha dado muchas historias en la imaginación de los lectores. Pero ¿ha evolucionado la novela negra de este país o continúa con la misma estrategia narrativa de los antiguos maestros? Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes ) o Agatha Christie son unos atecedents muy difíciles de superar, sin duda. Por ello, los escritores Jake Arnott y David Peace se encuentran literalmente sólo dentro del panorama británico de novela negra y criminal.

Durante la Semana Negra y Criminal celebrada en Barcelona este año, Arnott dijo que la novela negra que se escribe en su país es totalmente predecible, porque se limita a colocar un detective en el centro de una investigación con el el objetivo de montar un puzzle y resolver la intriga. Peace, poco diplomático, afirma que el  “99% de la novela policíaca británica es una mierda”. Después de leer la magnífica Arthur and George, de Julian Barnes (Anagrama ) no estoy segura de ratificar estas afirmaciones .