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Un poeta habla sobre un poeta

Contaba Luis García Montero en Infolibre : “He venido a Barcelona para escuchar”, y en su viaje desde Madrid rememoraba que “Gustavo Adolfo Bécquer descubrió la velocidad del mundo al subirse como periodista a un tren”.

Luis García Montero se subió al tren para hablar sobre Federico García Lorca y en su artículo Estar en Barcelona recordaba dos versos de Poeta en Nueva York: “Yo denuncio a toda la gente/ que ignora a la otra mitad”.

Un poeta habla sobre un poeta, y el laberinto deja de ser laberinto para llegar hasta Teseo y sus símbolos. ¿Cuantas veces puede uno encontrar el ovillo lúcido que nos guíe hacia ese enclave único? Muy pocas veces. Por eso quiero venir aquí a dar testimonio de ese encuentro, para no olvidar que todavía podemos ser capaces de reunirnos alrededor de una mesa para hablar sin condiciones.

“Días lorquianos en Barcelona”. Días de noviembre, tumultuosos y locos. Y entonces encontramos esa voz que nos dice que todo sigue allí, inmutable y único. La voz del poeta.

Somos, en esencia, aquello que leemos y bajo esta premisa García Montero rastrea en Un lector llamado Federico García Lorca las lecturas juveniles del poeta, las que fueron sus referencias y su guía. Victor Hugo leído por su madre, Ibsen, Maeterlinck, Juan Ramón Jimenez o Unamuno. Y luego nos damos cuenta de que todo había estado siempre allí. Esas referencias habían estado siempre en todos aquellos poemas que nos persiguen.

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Margarita Xirgu recita a Federico García Lorca

No entiendo cómo he podido estar tanto tiempo sin escuchar a Margarita Xirgu recitando este poema, Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla. Federico García Lorca se lo dedicó a la actriz, en 1928.

Un artesano de la lengua llamado Salvador Espriu

Salvador Espriu no era un hombre de escuela, no tenía maestros, no necesitaba alianzas. Era un hombre solo que miraba el mundo desde su propia atajo. Los auténticos poetas llevan estos relucientes vestidos, como un faro que ilumina su propia esencia. Alguna vez he oído decir que la poesía es algo más que literatura, o tal vez es eso y algo más o todas juntas. Ordenar la abundancia de sílabas, construir un todo y surgir de la nada para explicar lo que resulta más difícil de decir es una operación complicada.

“Me considero un hombre intuitivo, un” artesano de la lengua, que aprende constantemente, dijo Salvador Espriu, y con la máxima concentración y sin estridencias, dejaba esta sentencia: “estoy totalmente entregado al pueblo catalán, a la nación catalana, a mi lengua y a mi cultura”. La huella de Espriu en la literatura catalana es fundamental e imprescindible, como lo son también Ramon Llull o Mercè Rodoreda.

Del cementerio de Sinera

Espriu era un hombre polifacético y su prosa era muy pura, enérgica y llena de movilidad, pero siempre lo he considerado sólo un poeta, tal vez porque se dedicó especialmente a escribir versos para eludir la censura de la dictadura franquista. “La censura no sabía de poesía”, explicó a Josep Maria Espinàs en una entrevista en La Vanguardia. En su propio exilio interior, Espriu meditó largamente sobre la muerte y el paso del tiempo, que nos lleva hacia el único final posible. Ahora que ya descansa en su especial Cementerio de Sinera se siente el ruido de unas palabras que cantan: “Qué pequeña patria / rodea el cementerio! / Esta mar, Sinera, cerros de pinos y viñedos, polvo de riales. No quiero nada más, excepto la sombra viajera de una nube! “.

Salvador Espriu está enterrado desde 1985 en el cementerio de Areny de Mar. Ahora que se cumplen 25 años de su muerte, impresiona ver su lápida sin epitafio. La modestia del nicho del tercer piso de esta pared de cementerio demuestra que el poeta no necesitaba nada de la gente que dejó atrás. Sólo hay que leer su poesía, concentrada y adusta, como lo era él.

Salvador Espriu y Castellón, nació en Santa Coloma de Farners, pero vivió la mayor parte de su tiempo entre Arenys de Mar y Barcelona. En su mundo particular había creado su propia geografía: España, era el nombre judío Sepharad, Arenys era Sinera, y Barcelona, su Lavinia.

Este es un fragmento de la entrevista que hizo Joaquín Soler Serrano a Salvador Espriu en 1976 el programa de TVE A fondo .